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Se parece al papá, a la mamá o al abuelo. Este es típico comentario que se hace cuando nace un bebe. Y es verdad cuando nace un bebé se parece mucho a su familia. Esto implica una gran responsabilidad para nosotros como padres. Los rasgos son genéticos, pero hoy quiero hablar de otra cosa.

¿Qué clase de ejemplo somos para nuestros niños?

Es verdad que el factor genético es importante, pero más importante aun es lo que somos, cómos nos comportamos como padres. Por ejemplo, si queremos que nuestros hijos sean buenos lectores, nosotros mismos debemos ser buenos lectores.

Si queremos que nuestros hijos sean cariñosos, nosotros mismos tenemos que ser personas cariñosas. Realmente no podemos pedir nada a nuestros hijos que nosotros mismos no seamos. Queramos o no queramos nuestros hijos nos van a imitar. Está claro que tenemos que ser lo que queremos que nuestros hijos sean.

Imitar, jugar y aprender

Mi suegro es carpintero y el otro día lo acompañe con mi hijo de tres años a reparar un mueble.  El niño llevaba un martillo de plástico y se puso a “trabajar” junto con su abuelo.  Era una imagen preciosa, el niño estaba serio como un profesional trabajando.

Es verdad que estaba jugando pero al mismo tiempo estaba aprendiendo. Está aprendiendo cosas muy importantes, la belleza del trabajo, como se clava un clavo y muchas otras cosas. Destrezas que el van a servir aunque no sea carpintero como su abuelo.

De hecho las personas mas exitosas que conocemos se toman el trabajo, con la misma seriedad y concentración que un niño se toma el juego.  Por eso, como padres, debemos dedicar tiempo con nuestros hijos a jugar, que nos acompañen en nuestras tareas domesticas.  Y siempre debemos tener la seguridad de que nuestros hijos aprenden mas por lo que hacemos, que por lo que decimos.

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