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Creo que hasta cierto punto es positivo hacerse preguntas sobre el trabajo que uno está haciendo como padre. Si uno piensa que lo está haciendo todo bien, entonces esta perdido, porque es presa del orgullo. Y el orgullo es uno de los peores virus mentales que existen.

Poca disciplina

Falta de disciplina

Algunos padres disciplinan poco. Cuando hablo de disciplina no me refiero a pegar, me refiero a corregir. Una corrección puede ser una conversación con nuestro niño o un castigo.

Un castigo sin conversación sirve de poco.

El caso es que muchos padres no corrigen nunca a sus hijos. Está claro que todo niño necesita corrección, porque es inexperto, carece de experiencia y si no lo corregimos puede hacerse mucho daño.

No corregir a un niño es como no corregir el rumbo cuando estamos conduciendo. Si soltamos el volante lo más probable es que tengamos un accidente. Está garantizado que si no damos pequeñas correcciones al niño, este también sufrirá graves consecuencias.

Demasiada disciplina

Cicatrices Hijos

Los padres muy estrictos también suelen fracasar en las relaciones con sus hijos. No puedes controlar cada aspecto del crecimiento de tu hijo. Si haces esto puedes dañar su capacidad de madurar y hacerse un adulto responsable.

Es como esos árboles que les ponen una guía atada con alambre y no se las quitan. Esos árboles tienen profundas cicatrices en el tronco, cicatrices que no se suelen curar.

Encontrar el equilibrio

Qué difícil es para el ser humano ser equilibrado. Por eso, creo que es mejor dudar un poco que pasarse de seguro a la hora de criar a un niño. La sola pregunta de este artículo nos puede hacer mejores padres.

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